El eterno placer de los cuentos de hadas

El eterno placer de los cuentos de hadas



      
Otra vez, las pantallas se llenaron de historias basadas en los cuentos
de hadas más tradicionales, solo que aggiornados por los guionistas al
siglo XXI, y adaptadas a relatos que muchas veces no tienen nada de
infantiles. Series de TV como “Once a time” y “Grimm”,  películas
como “Espejito- espejito” o “La chica de la capa roja”, no hacen mas
que traer a los tiempos que corren esas historias ancestrales, que nos
fascinaban y asustaban en la infancia.



       ¿Qué extraño impacto tienen en
grandes y chicos estos relatos,  que vuelven una y otra vez? 
¿Por qué razón se recuperan incansablemente en diferentes versiones,
serias o paródicas, tanto en la literatura como en la TV o el cine?
       Según  Rocío Bressia,
Responsable de Contenidos en Fundación Leer www.leer.org.ar, “la primera razón
está a la vista: se han convertido en pilares de nuestra cultura.
Conocidos por todos, parte integrante del patrimonio literario
universal, la incorporación de estos textos en los niños es central
para la literatura posterior”.
       La psicóloga especialista en
Maternidad y Crianza Marisa Russomando www.marisarussomando.com.ar
coincide: “No se trata sólo de un aliado a la hora de dormir. Detrás de
la envoltura infantil y mágica del cuento de hadas se encuentran
elementos que acompañan al desarrollo de cada lector o espectador. A
partir de este primer peldaño, los niños pueden disfrutar de toda una
cultura que retoma estos cuentos a partir de versiones modernas,
satíricas, graciosas, reinterpretaciones actuales de historias
clásicas”, señala.

       Además, en los cuentos
tradicionales aparecen elementos fantásticos, sobrenaturales, como
hadas,  brujas, pociones mágicas y dragones, que potencian la
imaginación y la creatividad, invitando a un mundo de sueños donde todo
puede suceder. “Incluso para los niños
más pequeños, los cuentos tradicionales ofrecen historias simples e
interesantes que ayudan a internalizar la estructura narrativa. Es
decir, cuando se lee a los niños más pequeños cuentos de hadas, ellos
aprenden a contar sus propios cuentos, sus propias historias, su propia
experiencia
”, opina Bressia.

       Pero hay más. Lo que llamamos
“cuentos de hadas” son un conjunto de textos narrativos nacidos de la
tradición oral en las regiones de Europa. “La caperucita roja”, “La
bella durmiente”, “El gato con botas”, entre otros, llegaron a una
versión escrita de la mano del francés Charles Perrault en el siglo
XVII, y luego a través de los hermanos Grimm, en la Alemania del siglo
XIX. Pero al comienzo, no estaban destinados a los niños. Por ejemplo,
Perrault estaba más interesado en la creación de relatos populares que
pudieran dar cuenta de las enseñanzas morales de una época. Las
historias, lejos de todo propósito estético o literario, constituían
canales para vehiculizar el folclore y la ideología imperante.

       En la versión original, para poder
volver al mar, la sirenita debía matar al príncipe – que se había
casado con otra – pero decidía suicidarse. Hansel y Gretel eran
literalmente abandonados en el bosque a merced de las fieras, porque
sus padres no tenían cómo darles de comer. Y las hermanastras de
Cenicienta, por su parte, se amputaban los dedos de los pies o el
talón, para poder calzar el zapatito de cristal… Poco que ver con las
versiones edulcoradas de Walt Disney, y los relatos infantiles de la
actualidad.

       Pero para aquellos padres que
prefieren suavizar la crueldad de estas historias, Russomando señala
algo importante: “Los cuentos permiten
soportar algunas frustraciones y elaborar situaciones mediante el uso
del lenguaje simbólico, el mismo que el de los sueños. Este lenguaje
disfraza contenidos que podrían ser traumáticos mediante figuras
sencillas, y se utiliza para explicar problemas, etapas o hechos
mediante símbolos
”.

       En estas historias ancestrales
encontramos al héroe y al villano; a las fuerzas del bien y a las del
mal; a  los príncipes, el peligroso y la inteligencia, el 
orden y la autoridad,al cazador (padre sustituto, protector, fuerte e
idealizado), la ausencia de los padres (impotencia paterna), los
hermanos y sus conflictos, el hada madrina, la bruja, animales salvajes
(conflictos no resueltos e instintos de agresión), etc.

       “Se suele decir que los cuentos de
hadas expresan distintos aspectos arquetipos y aspectos humanos de los
que no solemos tener conciencia. Y posiblemente sea as텔, señala la
escritora infantil Adela Basch, Directora de la editorial Abran Cancha www.abrancancha.com.ar.  Pero
además, en el relato se sugieren posibilidades y alternativas. De esta
manera y gracias al lenguaje incluido en los cuentos de hadas, los
niños ven expresadas sus inquietudes y anhelos, sus dificultades y sus
sentimientos poco aceptables para el mundo social, favoreciendo su
convivencia saludable y enseñando diferentes caminos para su resolución.

       Según los especialistas, el
niño necesita comprenderse a sí mismo y comprender el mundo que lo
rodea, y los cuentos ayudan en este proceso: vencer los temores más
profundos y las angustias existenciales, ubicarse en el mundo y
enfrentarse a sus problemas. De allí la eficacia de los cuentos de
hadas, que se convierten en un elemento fundamental en el desarrollo
desde la infancia.

       Pero Basch sostiene un punto de
vista diferente: “Yo creo que se siguen manteniendo vigentes porque -de
manera disfrazada-  muestran expresiones de una sabiduría 
ancestral, que en el mundo de hoy está por lo general olvidada”. La
autora se refiere a  los cuentos de hadas se llama comúnmente
“magia”. Por ejemplo, la capacidad de transformar una calabaza en
carroza, o de dar un beso que despierta a alguien del sueño eterno.
“Esa presencia de lo mágico como algo natural, algo que está al alcance
de la mano pero que no vemos y no sabemos cómo funciona, es a mi
criterio uno de los principales atractivos de los cuentos de hadas”,
concluye.

      
En cualquier caso, ya sea para llevarnos a un mundo donde todo es
posible o para ayudarnos a lidiar con nuestros propios dragones, pasan
las generaciones y los cuentos de hadas siguen aquí, en el cine, en la
TV o en el libro que todas las noches le leemos a nuestros hijos.
Eternos como las fantasías o los temores mas profundos del hombre.

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